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Universo Iberiza

El AI Act ya se aplica: qué cambia para tu empresa

Pasó sin mucho ruido, y sin embargo afecta a bastantes más empresas de las que creen estar afectadas. Si en tu organización alguien usa un asistente de inteligencia artificial para redactar, un chatbot para atender consultas o una herramienta que genera imágenes o resúmenes automáticos, esto te toca. No necesariamente mucho, pero te toca.

 

Qué ha cambiado este mes

Hasta ahora el reglamento estaba en un periodo de despliegue por fases. Lo que ocurrió el 2 de agosto es doble.

Por un lado, entraron en juego las obligaciones de transparencia sobre el uso de sistemas de inteligencia artificial. Por otro, y quizá más importante en la práctica, las autoridades nacionales y la Oficina Europea de IA pasaron a ser responsables de supervisar y hacer cumplir el reglamento. Antes había normas; ahora hay además quien vigila que se cumplan.

 

Tu empresa probablemente sea usuaria, no proveedora

Esta es la distinción que más confusión genera, y la que más tranquilidad da cuando se entiende.

El reglamento trata de forma muy distinta a quien desarrolla un sistema de inteligencia artificial y lo pone en el mercado, y a quien simplemente lo usa en su actividad. La normativa europea llama proveedores a los primeros y responsables del despliegue a los segundos.

Las obligaciones fuertes (evaluaciones de riesgo, documentación técnica, controles antes de sacar el producto al mercado) recaen sobre quien desarrolla. Si tu empresa contrata una herramienta de un tercero y la usa para trabajar, estás en el segundo grupo, y lo que se te pide es sensiblemente más ligero: garantizar supervisión humana sobre lo que hace el sistema, vigilar su funcionamiento y comunicar incidentes graves si se producen.

Dicho de otra forma: usar inteligencia artificial en tu empresa no te convierte en un fabricante de inteligencia artificial a ojos del reglamento.

 

Transparencia: avisar cuando hay una IA detrás

De las obligaciones que entraron en vigor este mes, la que más directamente afecta al día a día es la de transparencia.

La idea de fondo es sencilla: una persona tiene derecho a saber cuándo está interactuando con una máquina y cuándo un contenido lo ha generado un sistema automático. Si tu web tiene un chatbot que atiende a clientes, el cliente debería poder saber que no hay una persona al otro lado. No es un requisito de letra pequeña escondida, es información que debe resultar clara.

Es un cambio de poco coste técnico y bastante impacto en confianza. Y, francamente, es de las obligaciones normativas que más sentido tienen: nadie quiere descubrir a mitad de conversación que llevaba diez minutos explicándole su problema a un programa.

 

Lo que ya estaba en vigor y quizá no sabías

Un par de cosas llevan aplicándose desde febrero de 2025 y suelen pasar desapercibidas.

La primera son las prácticas directamente prohibidas: determinados usos de la inteligencia artificial que el reglamento considera inaceptables y que no se pueden llevar a cabo en la Unión Europea bajo ninguna circunstancia.

La segunda es la obligación de alfabetización en inteligencia artificial. En términos prácticos, significa que las organizaciones deben procurar que las personas que trabajan con estas herramientas tengan un nivel de conocimiento suficiente sobre lo que están usando. No exige certificaciones ni cursos oficiales, pero sí que quien utiliza una herramienta entienda razonablemente qué hace, qué limitaciones tiene y cuándo no fiarse del resultado.

Es la parte que más suele quedarse atrás, y tiene su lógica: las herramientas se adoptan rápido y la formación siempre va un paso por detrás.

 

Qué viene después

El calendario del reglamento continúa. La siguiente parada relevante es diciembre de 2027, cuando entren en aplicación las obligaciones para los sistemas considerados de alto riesgo, que afectan a ámbitos como la selección de personal, la biometría, la educación o las infraestructuras críticas. En agosto de 2028 le toca el turno a los sistemas integrados en productos ya regulados.

Queda margen, pero conviene saber que existe: si tu empresa está valorando incorporar inteligencia artificial en procesos de contratación o de acceso a servicios, ahí sí hay obligaciones serias en el horizonte.

 

Por dónde empezar

Sin dramatismos y sin consultoras carísimas, hay tres cosas razonables que puede hacer cualquier empresa este mes.

Saber qué herramientas de inteligencia artificial se están usando de verdad en la organización, incluidas las que ha empezado a usar alguien por su cuenta. Revisar si alguna interactúa directamente con clientes y, en ese caso, si queda claro que es un sistema automático. Y asegurarse de que quien las usa sabe lo que tiene entre manos.

Con eso cubres lo que se te pide hoy siendo usuario de estas herramientas.

Un apunte necesario: este artículo es divulgación orientativa, no asesoramiento jurídico. El encaje concreto de tu empresa en el reglamento depende de qué hagáis exactamente y con qué herramientas, y esa valoración corresponde a un asesor legal.

Lo que sí podemos ayudarte a resolver es la parte tecnológica: saber qué se está usando en tu organización, con qué datos y bajo qué control. Si quieres poner orden en eso antes de que la conversación se complique, hablamos.